Control de calidad de las relaciones sentimentales

 

 

Hoy se extrapolan técnicas y metodología empresarial al terreno de la salud. Se habla, por ejemplo, de gestión de la salud como el mejor sistema anti-envejecimiento. Así que no es extraño que se pueda hacer lo mismo en lo emocional y podamos hablar de “control de calidad de las relaciones sentimentales”.

 

Publiqué en 2005 “El libro para conducir reuniones con éxito”, editado por Díaz de Santos, el cual se basaba en pasar la metodología ISO de control de calidad de los procesos de fabricación a la Comunicación y en particular a todo el proceso de Reuniones de empresa. Había que analizar con minucia desde su objetivo a su convocatoria, de manera que todo estuviese perfectamente controlado tanto en el fondo como en la forma, ya que, por ejemplo, una Reunión de la que se ha de derivar algo importante no puede estar convocada de manera informal y por teléfono.

 

Ahora, les propongo hacer lo idéntico con las relaciones sentimentales, ya sean familiares, amicales o de amor.

 

Una fórmula para que ellas se desarrollen sobre pautas establecidas y previamente acordadas para no llegar al fracaso o bien a la decepción por una de las partes o por ambas, se basa en este análisis profundo de la propia relación y lo que aporta en positivo y en negativo; así como encauzar la metodología relacional a través de sólidos pactos, cuyo incumplimiento ya dará de si la validez o no de la relación.

- ¿Es una boutade o tiene sentido? ¿Es posible mezclar amor y rentabilidad?

- Yo creo que sí, entendiendo por rentabilidad la pura y exclusiva satisfacción emocional.

- ¿Valen, entonces, los métodos ISO sobre los que encauzamos un proceso de fabricación, puramente material, para encarrilar una comunicación o una relación que pertenecen, desde el punto de vista empresarial, al terreno de los intangibles?

- ¡Claro que valen! La metodología no es ninguna barbaridad, porque el coaching sentimental nos invita a concienciar y a analizar en detalle cada impulso, cada escena sentimental o cada hábito con el fin de dirigirlo racionalmente hacia un objetivo concreto, apartando en lo que se puedan las reacciones incontroladas.

 

En realidad, nos ayuda a que la conciencia participe en las emociones y no sea únicamente el cerebro límbico (el emocional) el que rija nuestros sentimientos, nuestra comunicación o nuestras relaciones. Nos brinda, por ejemplo, la posibilidad de aprender a encauzar y a ritualizar una comunicación problemática.

 

Pero quizá los puristas no estén demasiado de acuerdo con el hecho de que este aprendizaje se lleve al traste la espontaneidad de una relación.

 

Sin embargo, hoy día, hay poco espacio para lo espontáneo  porque vivimos en el mundo de la planificación. Y a ello hay que añadir que lo poco espontáneo que queda quizá también esté viciado por la prisa, por el malhumor del día, por el cansancio y por otros elementos negativos que enmarañan una espontaneidad abierta y sincera.

 

- Por qué, ¿quién no se ha encontrado una y mil veces que ha dicho algo que enseguida sabe que no habría querido decir o se ha reprochado su timidez o su pereza en no ser más amable con alguien que se lo merecía?

 

Entonces, si esto ocurre y sabemos que sí. Posiblemente no siempre la espontaneidad es buena consejera, sino que es mucho mejor analizar en detalle cómo solemos reaccionar y ritualizar si es preciso cada una de nuestras reacciones en momentos y situaciones determinadas, para a partir de estos nuevos hábitos encauzar reacciones distintas.

 

No es menos cierto, sin embargo que quizá no podemos  olvidar que la pasión, fruto del amor, es algo que nace directamente de nuestra biología y que es difícil de conducir. Pero deberíamos analizar y ser conscientes, al menos, de a dónde conduce ésta, cuánto dura y sobre todo qué sucederá cuando la pasión se aleje. Porque el amor pasional lo perdona todo porque, en él, la mente racional está prácticamente obnubilada y sólo funciona la emotividad. Pero ya no es lo mismo cuando la relación se estabiliza y la pasión se aleja.

 

Entonces, es mucho mejor encauzar la comunicación e incluso ritualizarla, que ir echando jarros de agua fría que nos conducirán irremediablemente al fracaso.

 

Es bueno habilitar costumbres de comidas semanales en las que se afronten problemas domésticos o se compartan responsabilidades, y saber que tendremos ese momento para volcar ahí nuestras inquietudes o nuestras quejas que, al estar planificadas en el diálogo, no cogerán de sorpresa a nuestro interlocutor, modularemos la forma en que lo decimos y no será a grito abierto de forma irrefrenable e impulsiva.

 

Podríamos buscar otros ejemplos de estrategia empresarial como éste de las reuniones periódicas, u otros de control de calidad de los procesos de producción y de gestión que también pueden ser aplicados a las relaciones sentimentales. M. D. Muntané

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Acerca de antiaging-anticancer

Blog realizado por M. D. Muntané, periodista científica especializada en Salud, ex-directora de SDMCOMUNICACIÓN.

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